«Soy ingeniero». «Soy diseñador». «Soy contador».
Nos preguntan quiénes somos y respondemos de qué trabajamos. La profesión nos da ingresos, pero también identidad, reconocimiento y un lugar en el mundo.
Ahora imaginemos que una inteligencia artificial puede hacer ese trabajo mejor que nosotros. Demos esa posibilidad por sentada durante un minuto.
Incluso si tuviéramos resuelto de qué vivir, ¿tendríamos resuelto para qué?
Durante años estudiamos, practicamos y construimos una idea de nuestro valor alrededor de lo que sabemos hacer. ¿Qué ocurre cuando esa capacidad deja de distinguirnos? ¿Perdemos valor o queda expuesta una forma demasiado estrecha de medirlo?
La incomodidad merece atención. Si nuestro propósito depende de que una máquina nunca nos supere, lo estamos apoyando sobre una condición que no controlamos.
Quizás necesitemos aprender a elegir qué merece nuestro tiempo sin exigir que nos vuelva indispensables. Crear por lo que nos permite expresar. Aprender por curiosidad. Acompañar porque alguien nos importa.
En Riprix trabajamos para que la tecnología transforme cómo trabajan las organizaciones. Eso también exige preguntarnos qué lugar queremos darle al trabajo en nuestras vidas.
¿Qué seguiría teniendo sentido para vos hacer, aunque una IA lo hiciera mejor?